sábado, 19 de mayo de 2007

EL HISTORIADOR HIPOLITO DE SA BRAVO Y EL MONASTERIO DE MELON


A continuación, copio literalmente, un pequeño estudio que realizó el historiador Hipólito Sa Bravo*, sobre el monasterio de Melón, publicado en la colección Cuadernos de Arte Gallego de la desaparecida "Ediciones Castrelos" de Vigo, en 1968, correspondiente al número 43 de la citada serie y que corresponde a los MONASTERIOS.IV- ORENSE, concretamente en sus páginas 9 a 12:

SANTA MARIA DE MELON

"Los orígenes del monasterio son desconocidos, pues ya existía en los primeros años del siglo X. Azgaiz remonta su fundación a los tiempos de San Fructuoso y menciona algunos ermitaños, que vivían por las montañas próximas, a quienes atribuye el origen de la primera comunidad de monjes sometidos al abad Argario por la observancia de un pacto, basado en la regla de San Fructuoso, y cuya copia llegó a ver en el archivo del monasterio de Melón. El P. Yepes también cree que su fundación es anterior al siglo XII y el año 1142 que se señala como el de su erección, es el de su imgreso en la reforma del Císter. De todas formas, la primera prueba que siempre se cita al hablar de su origen es el privilegio otorgado por el rey Alfonso VII, en mayo de 1142, al abad Giraldo, monje cirterciense venido de Claraval para implantar la reforma en dicho monasterio.
Otorgó el rey al monasterio el coto de Melón, que comprendía los lugares de Melón, Quines y Vilar de Condes, limitando sus términos y exonerando a sus monjes de gtoda jurisdicción real y episcopal.
Sandoval, basándose en un documento del mismo rey Alfonso VII del año 1155, existente en el archivo de la catedral de Tuy, sostiene que el monasterio antes de ingresar en la reforma del Císter era de monjes negros, y que al abrazar la nueva reforma algunos monjes se separaron, retirándose a los montes próximos para hacer vida eremítica y conservando la posesión de algunos que habían donado al monasterio. Uno de estos monjes fue Martín Germúndiz, que pasó al monasterio de Bárcena, próximo a Quines, y entonces el rey donó al de Melón el monte Verdugo, el castro de San Ciprián de Monterrey con todos sus términos antiguos, según los poseía el monje Martín Germúndiz, que en el año de la concesión 1155, ya vivía retirado en el monasterio de Bárcena bajo la observancia de la Regla de San Benito.
Este es el documento mencionado por Sandoval y en el cual firmaron el rey Alfonso VII y su esposa doña Rica, grandes protectores de Melón. En el año 1151 el abad Giraldo mandó monjes al monasterio de San Clodio, que también abrazó la reforma del Císter, quedando como filial del de Melón, que dependía, como los más importantes de la región, directamente de Claraval, de donde habían venido los primeros monjes de la reforma cisterciense. Pronto se les unieron otros monasterios también benedictinos, con lo que aumentó su influencia y poderío. En 1156 fue el monasterio de San Miguel de Canales, situado en la parroquia de Cans, en el ayuntamiento de Porriño, cuyo coto y los de Montebán, Fraya y Cristobaili, que eran propiedad de dicho monasterio, pasaron a pertenecer al de Melón. En 1160 se le unió el de Barcia o Bárcena, próximo a la feligresía de Quines, que poseía el coto de Rubillón y la granja de Monterrey, junto a Senín. Hacia el año 1187 se retiraron a Melón unos monjes, que vivían en las proximidades de la capilla de San Lázaro, en Ribadavia, dedicados a curar y proteger a los leprosos, donando al cenobio la iglesia y los bienes anejos a la misma. Tres años más tarde,en 1191, el monasterio de Melón fundó en dicho lugar una leprosería que estuvo abierta hasta 1305, año en que fue cerrada al ser destruído parte del edificio del hospital en las contiendas de los señores feudales de la comarca. Perdura la capilla de la leprosería, pero el edificio fue destruído en el siglo XVIII. En la capilla aún se ve el escudo con las armas del monasterio de Melón.
Además de la leprosería de Ribadavia tuvo la comunidad de Melón, una hospedería abierta para pobres y necesitados y un hospital donde se recogían los enfermos incurables de la comarca. El hospital se cerró al incorporarse el monasterio a la Congregación reformada de Castilla en el año de 1501. En la visita que el general de la Congregación giró a los monasterios de Galicia, en el año 1572, ya se da como cerrado dicho hospital. La unión a la Congregación castellana supuso para Melón, la pérdida de su autonomía administrativa, saliendo para tierras castellanas gran parte de las rentas que aquí se cobraban. Es interesante en este sentido un acuerdo adoptado en el Capítulo General del año 1627, y en el que se trató y determinó que las pingües rentas de los monasterios de San Clodio y Melón se invertiesen en el sostenimiento de los gastos comunes de la Congregación. Lo mismo se acordó en el año 1633, y por último en 1633 ya se trató de darle fuerza de ley mediante un Breve pontificio, que fue acremente censurado en toda Galicia.
El mérito e importancia de la iglesia de Melón radica en la parte antigua que se conserva, o sea en la neve del crucero, con dos capillas semicirculares abiertas a ambos lados del presbiterio, formado por un tramo y un ábside semicircular, y en la espléndida girola de columnas exentas y tres capillas radiales, en vez de cinco como tiene la iglesia del monasterio de Osera, que se cree fue el modelo de la de Melón, semejante en la disposición de las capillas, tanto de la girola como de las del crucero, a la iglesia de Carboeiro. Cúbrese el compartimento que se conserva de la nave central con bóveda estrellada lo mismo que el brazo Sur del crucero, y con bóvedas de crucería los dos compartientos del brazo Norte, así como los tramos iniciales de la girola y el del presbiterio. Ofrece contraste la variedad de las bóvedas del crucero, por representar dos fases o períodos del ojival.Del pleno estilo ojival, las bóvedas de crucería de nervios diagonales del brazo Norte, prebisterio y comienzos de la girola; y de un ojival decadente, las bóvedas estrelladas del brazo Sur, con cinco claves, y la del crucero, más complicada, con veintiuna claves.
La girola está dividida en siete tramos trapeciales, con las capillas radiales abiertas a la girola mediante arcos apuntados, apoyados en semicolumnas adosadas. Se cubre la girola con bóvedas de cuarto de cañón y las capillas con bóvedas de cañón apuntado terminadas en cuertos de esfera.El presbiterio o capilla mayor aparece rodeado de columnas exentas, con capiteles de sencilla ornamentación floral, sobre los que descansan arcos apuntados, que forman el primer cuerpo del ábside semicircular en comunicación con la girola.De las enjutas de los arcos arrancan semicolumnas adosadas con capiteles sencillos, que sirven de apoyo a los nervios de la bóveda de cascarón, o de cuarto de esfera,que cubre la capilla mayor.En los intercolumnios, ventanas semicirculares y una imposta curva debajo del arranque de la bóveda, formando el segundo cuerpo del ábside, que en la parte exterior sobre sale sobre las capillas de la girola.
En el muro Norte del crucero está la capilla, frecuente en las iglesias monasteriales, llamada de los forasteros, similar a la que en el mismo lugar tiene la iglesia de Osera.Es de una sola nave, dividida en dos tramos cubiertos con bóvedas de crucería sobre arcos ojivos.En la cabecera, el presbiterio, formado por un tramo rectangular y un abside semicircular, cubierto con bóveda de cañón terminada en cascarón.El arco de ingreso al presbiterio es peraltado y descansa sobre columnas adosadas.
Las características peculiares de la iglesia de Melón siempre han despertado interés entre los estudiosos del arte arquitctónico. Empezada en la segunda mitad del siglo XII, en pleno período románico, ofrece en su primitivo trazado las formas de este estilo con elementos de transición y del ojival de principios del siglo XIII, en el presbiterio, en los tramos iniciales de la girola y en el brazo Norte del crucero. Y por último un ojival decadente, siglos XV y XVI, en las bóvedas estrelladas del brazo Sur del crucero"

*Tuve la suerte de conocer y ser amigo de este ilustre investigador y difusor de nuestro arte románico, con el que llevé a cabo numerosas excursiones , visitando monasterios y compartiendo amenas conversaciones.